Hay personas que dicen tener "mejores amigos", pero.. de verdad existen? Acaso nunca has sentido algo más por tu mejor amigo?
En esta historia seguiremos muy de cerca a Arianda, una chica de 15 años dispuesta a luchar por lo imposible para conseguir su sueño

jueves, 1 de diciembre de 2011

Capítulo 8

Estoy atónita, creo que ese beso ha sido el más perfecto que e recibido nunca. Dios, me ha encantado, quisiera estar todavía pegada a el, boca con boca.

Raquel y yo nos vamos de ahí, pues ella no quiere aguantar más al pesado de  Hugo que no puede disimular que quiere algo con ella. Estoy cansada, pero todavía queda mucha noche, es hora de darlo todo, pero, ¿ Dónde se ha metido Fernando?

   -GUAPAAA!
   - Joder, que susto, ¿ eres imbécil?
   -Que amables tus palabras, ¿ no me extrañabas?

Buf la verdad es que si, pero no quería decírselo, no quería nada con el, pues era un feriante y se pasaba la vida de aquí para allá, ¿ y si después sentía algo más por el? Ya no estaría a mi lado.

Estoy demasiado feliz, comienzo a pellizcarme para comprobar que nada de esto es un sueño, cual es mi sorpresa al ver que todo es verdad, no estoy soñando. Hoy es mi dia.

Fernando no se separa de mi ni un momento, llevamos toda la noche el uno junto al otro.

Llega la hora de irme, pues son las seis de la madrugada y mañana hay más fiesta. Subimos al coche Raquel, mi hermana y yo. Al llegar a casa todas las luces están apagadas, no hay ni un alma despierta en mi casa  así que nos descalzamos para no hacer demasiado ruido con los tacones por las escaleras.

Llego a  el dormitorio donde dormiremos Raquel y yo, antes de nada tengo que limpiar los mugrientos pies que por andar descalza en la pista de los coches han cogido un color negruzco y puco agradable. Pongo el móvil a cargar, pues está muerto.

Entro en la habitación de nuevo y justo al acostarnos suena el odioso móvil, un sms que me emociona, pues decía:

“ Buenas noches linda, espero que duermas bien, yo voy a fregar ahora la pista que mañana tenemos que abrir desde por la mañana,  te recuerdo que nuestro beso ha sido el más perfecto beso que he recibido nunca, que lástima que en tres días me marche para Albacete a otra feria, eres la persona más linda que conozco, me ha encantado estar esta noche contigo, mañana nos vemos, te quiero lindísima”

Me pongo muy nerviosa, me tiembla la voz, pero aun así puedo contarle  a mi amiga todo lo sucedido. Me dice que se alegra por mi de que todo esto esté pasando, pero también me advierte de que no me enamore de el, pues en unos días se marchará y sabe dios cuando nos volveremos a ver , si, puede que el año que viene, pero también puede que no venga a la siguiente feria.

Bueno, creo que es hora de dormir así que me arropo con la sábana, cierro los ojos y despierto un 25 de septiembre sobre las 11:30 de la mañana, parece tarde, así que comenzamos a vestirnos y a arreglarnos para poder ir a la limonada que se hace todos los años en la plaza.

Estamos en la plaza y siento la necesidad de ir a verle, de estar aunque sea un solo instante antes de que empiece la gente a acudir a las atracciones.

Nos acercamos de un momento, pero el no está, solamente está allí si “hermano”, aunque yo no estoy muy segura que verdaderamente sea hermano suyo.

De pronto aparece ahí, creo que es experto en sorpresas y sustos.

   -Buenos días princesa!
    -Eso me recuerda a una película que vi no hace mucho tiempo
   -¿qué tal pasaste la noche?
   -Muy bien.

Creo que a cada minuto me sonrojo un poco más, mientras hablo con el llega mi tia y me dice que no entiende que hogo hablando con ese muchacho, que no le da muy buena espina.

Ni que a ella le importara mucho. Suena mi móvil, es mi madre, dice que a las dos en punto tenemos que estar en la plaza que nos vamos toda la familia a comer a los salones.

La gente comienza a desalojar la zona, pues es la hora de la comida. Ya no queda casi nadie en la pista y Fernando me invita a subir con el a un coche, fue la ficha que menos tardo en gastarse de todas , o eso parecía. Fue maravilloso, parecía que no había nada ni nadie más en el mundo, sonó la sirena  que marcaba el comienzo y el final de cada ronda. Así que cogí mi bolso y me dispuse a bajarme de el coche.

-          Espera.
-          Dime, ¿ qué tengo que esperar?
-          Ven aquí, acércate que no muerdo.

Me acerco y cuando estoy justo enfrente de el me entran ganas de hacer pis, como cuando vas a subir a una montaña rusa que te da miedo pero ya no hay vuelta atrás. Me aguanto.

Me da un beso en la mejilla mientras dice:
-          Ven esta tarde,  pues si no te echaré de menos y eso no puede ser.
-          ¿ y si no vengo que pasa?
-          Pues pasa que irá a búscate al fin del mundo si hace falta para poder verte y estar contigo durante otro ratito.

Una sonrisa de oreja a oreja se puede contemplar en mi cara.
-          Adiós Fernando.
-          Adiós linda, estaré pensando en ti hasta que vuelvas.

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